Los ayuntamientos están obligados por ley a presentar dentro de los primeros 90 días de haber tomado su protesta, un plan que rija sus acciones durante los tres años que dure su responsabilidad, a partir de un diagnóstico general de la problemática detectada en el municipio, y de diagnósticos particulares de cada una de las diferentes áreas de su incumbencia. Todo con el propósito de que ninguno de los alcaldes y sus colaboradores obren conforme a su mera ocurrencia o capricho, como solía ocurrir en no muy lejanos tiempos.

En función de lo anterior, y cumpliendo con dicha obligación “en tiempo y forma”, como acostumbran decir los burócratas, el alcalde capitalino José Ignacio Peralta Sánchez, presentó el día 14 pasado, en una ceremonia especial, su Plan Municipal de Desarrollo Colima 2009-2012. Un documento de 137 páginas que contiene un resumen de todo cuanto han podido él y su equipo enterarse de los problemas del municipio bajo su responsabilidad, así como de las estrategias y líneas de acción que desde su perspectiva plantean y habrán de poner en práctica para entregar buenas cuentas a sus gobernados.
Peralta Sánchez había dicho desde que lanzó su pre-candidatura que, en caso de resultar electo procuraría “involucrar a los ciudadanos para construir juntos el Colima del futuro… Hacer un gobierno municipal muy sensible, muy apegado a la gente”; escuchar y eventualmente incluir “todas las voces” bien intencionadas “en las decisiones de política pública”, procurando siempre “la generación de bienestar social y la mejoría en la calidad de vida de la población”, así como “prestar servicios públicos de calidad y con calidez… Impulsar las actividades agropecuarias, la acuacultura y el turismo ecológico”. Exponiendo como tesis principal la idea de “consolidar el desarrollo sustentable de la conurbación metropolitana Colima -Villa de Álvarez- Coquimatlán- Comala - Cuauhtémoc, con visión de largo plazo y planeación estratégica”.
No pretendo reseñar aquí el contenido de todo ese libro, pero, dados los efectos y hasta los posibles rebotes que un plan como éste habrá de tener en el municipio que también implica a la capital del estado, intentaré resumir algunos de los aspectos que necesariamente impactarán a los ya más de 250 mil paisanos que vivimos en la zona conurbada de Colima-Villa de Álvarez, dependiendo de si se llevan a cabo o no, y cómo.
“Alentado por una participación social cada vez más dinámica” en los destinos de nuestra comunidad, y tomando muy en cuenta la “intervención responsable, pacífica y seria de la población en el pasado proceso electoral”, el todavía joven alcalde (39 años) dijo en la ceremonia del día 14, sentirse muy obligado a “responder con la más alta eficiencia” a los electores con “probidad traducida en hechos”. Y que bajo esa convicción presentaba su Plan Municipal de Desarrollo. Porque “planear es (actuar con) responsabilidad, es (establecer un) orden traducido en compromiso con visión de progreso. Es decidir en el presente las acciones que se realizarán en el futuro para lograr propósitos preestablecidos. En este sentido, en el Plan Municipal de Desarrollo se refleja claramente nuestro propósito: construir, con la participación de todos, un mejor Colima, próspero y en desarrollo permanente”.
Sin embargo su diagnóstico no es muy positivo, pues se reconocen en él bastantes rezagos que vienen de anteriores administraciones y se expresan, creo que por primera ocasión en un documento como éste, los peligros que se nos pueden presentar y hasta el temor a ser superados por ellos.
Así por ejemplo, con base en los datos históricos de los censos del INEGI y las proyecciones del CONAPO (Consejo Nacional de Población), los redactores del PMD pronostican que de seguir las tendencias de crecimiento de nuestra población, se estima que para este mismo año que acaba de iniciar, el municipio de Colima alcanzaría los 135,957 habitantes, y que dentro de 10 años sólo habrán de residir allí unos 138,756, mientras que ya en el 2030, manifestarían un número decreciente, en tanto que la del municipio vecino de Villa de Álvarez se habría casi duplicado, hasta llegar casi a los 200 mil habitantes. De los que, por supuesto, la mayoría de ellos estaría residiendo en la cabecera del municipio.

Advirtiendo esas señales, y dando seguimiento a las preocupaciones que ya se habían manifestado en administraciones anteriores, el PMD de Peralta Sánchez propone actuar en consecuencia, sabedor de que el espacio que gobierna forma parte de una Zona Metropolitana integrada por los municipios de Colima, Comala, Coquimatlán, Cuauhtémoc y Villa de Álvarez. Municipios que en razón de su vecindad “comparten problemas comunes”, y por lo mismo deben actuar con visión de conjunto “tanto en planeación como en gestión, particularmente lo relacionado con la planeación territorial, la normativa urbana… la movilidad y el transporte … el manejo, disposición y tratamiento de residuos sólidos; (el) manejo, (la) conducción y (el) aprovechamiento de aguas pluviales; el servicio de procesamiento de carne y la definición de límites municipales”.
Todo ello porque el fenómeno de la metropolización “se presenta cuando una ciudad rebasa su límite político-administrativo territorial”, y comienza a conformar un área urbana ubicada en dos o más municipios; cuando esa transformación afecta las tierras labrantías para urbanizar los terrenos, o cuando produce o genera un flujo diario de trabajadores y estudiantes, como se da precisamente en ese caso.

Ante la absorción así, de los ejidos de La Estancia, El Moralete, Lo de Villa, Los Limones, El Chanal, San Joaquín, Nogueras y otros aledaños a las cabeceras mencionadas, ningún paisano con más de dos dedos de frente podrá negar que estamos ya ante un imparable proceso de metropolización, y debemos enfrentar y solucionar los problemas que dicho proceso provoca. Por lo que es atinada la idea de Peralta Sánchez en el sentido de ir previendo lo que vendrá, tanto en la coordinación de las vialidades, los servicios públicos, el mercadeo y la inversión productora de empleo. Dato, este último, que parece preocuparle mucho, por cuanto afirma que si bien “la capital se ha convertido” en la principal empleadora de la “mano de obra de las localidades y los municipios conurbados y los que están en vías de metropolizarse”, estos municipios, por contraste, no han hecho lo propio para satisfacer sus necesidades de empleo, pues “en Coquimatlan, Minatitlan, Ixtlahuacan, Armería y Comala, prácticamente no se han generado empleos, en Cuauhtemoc se ha(n) reducido drásticamente y (en) Villa de Álvarez ha(n) tenido un bajo crecimiento”. Queja o denuncia indirecta que, hecha quizá sin ánimo de molestar, habrá de poner a pensar cuando menos a los alcaldes vecinos.
Frente a lo señalado, evidenciando su formación como economista y la experiencia adquirida cuando fungió como secretario de Fomento Económico, el alcalde capitalino propone algo más o menos novedoso: que así como hay inversionistas foráneos y aun extranjeros que han venido a inyectar sus capitales a empresas de nuestra entidad, los inversionistas del municipio de Colima aprovechen las potencialidades de los municipios vecinos para irse a invertir en ellos también. Todo esto antes de que el futuro nos alcancé y rebase, porque a la fecha, según su decir: “nos encontramos que la actividad económica en la entidad ha tendido a la baja y su crecimiento está por debajo de la tasa del crecimiento poblacional, lo que indica que el estado puede llegar a colapsarse por el estancamiento en el que esta incurriendo”.
Anuncio que al menos para este redactor es una revelación, viniendo de una autoridad como de la que viene.
Ya se sabe, sin embargo, que no es todo negro en Colima, y es por eso que Ignacio Peralta menciona entre las potencialidades del municipio que rige, la de que “Colima es la ciudad que ofrece las mejores condiciones de eficiencia de costos para los negocios y es también la sexta mejor ciudad con perspectivas a futuro de la región”, y tiene por lo mismo “un alto grado de competitividad” y muchos mercados potenciales abiertos aquí cerca.
Para reactivar las actividades agropecuarias del municipio, a las que reconoce deprimidas, el PMD propone algunas acciones concretas y otras complementarias. Las concretas son: construir la presa El Hervidero y el bordo El Crucero; analizar y monitorear el agua de riego… Rediseñar la oferta educativa para los estudiantes de la zona rural del municipio de Colima y establecer 40 hectáreas de agricultura protegida en Estapilla y Las Tunas. Y las complementarias: darle valor agregado a los productos del campo mediante su industrialización, y promover los espacios susceptibles de desarrollo turístico que se conocen o se han detectado dentro del territorio del municipio.

Ante la imposibilidad de continuar el análisis del PMD Colima 2009-2012, en el espacio que muy amablemente me cede AVANZADA, lo único que me resta decir es que aun cuando ese documento no es un producto acabado, porque omitió temas y presenta algunas erratas, sí es uno de los primeros planes de desarrollo municipal que en la historia de nuestra entidad contemplan pasos claros a seguir, con miras a una problemática por resolver que no sólo atañe a las autoridades y a los habitantes de este municipio, sino a los habitantes y a las autoridades de los municipios de toda la parte centro-norte de nuestro estado.

Contrastando sus primeras intenciones con el contenido de su PMD, nos encontramos con la novedad de que el ex secretario de Fomento Económico del sexenio anterior está siendo consecuente con sus dichos de campaña, y que ha puesto su equipo a pensar (o a tratar de pensar) como él mismo lo hace.